Bienvenidos hermanos y hermanas a este pequeño espacio dedicado a ustedes

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Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él.

FAMILIA EN ALLAH

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Mensaje para los Padres: Enseñarás a tus hijos a volar, pero no volarán tu vuelo. Enseñarás a soñar, pero no soñarán tu sueño. Enseñarás a vivir, pero no vivirán tu vida.

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jueves, 20 de mayo de 2010

LIBROS DE ISLAM GRATIS





"There is no god but ALLAH and Muhammad is His prophet (pbuh)"

Conveying Islamic Message Society
C I M S

Somos una sociedad islámica de trabajo bajo la supervisión de Al-Azhar.

Estamos situados en Alejandría, Egipto.

Nuestro principal objetivo es transmitir el mensaje a todo el mundo islámico en la tierra, principalmente mediante el envío de libros a todo el que quiera obtener más información sobre el Islam.

Para solicitar algunos libros islámicos gratuitos solo envíanos tus solicitudes a los siguientes correos:

Salah_al_din@live.com.mx  
linaroa80@hotmail.com


O visita nuestros sitios web:


www.islamic-message.net,
www.gratisquran.com,



We are an islamic society working under the supervision of Al-Azhar.

We are located in Alexandria, Egypt. Our main target is conveying the islamic message to everyone on earth, mainly by sending free books to whoever wants to get more information about Islam.

To order free Islamic books just send your requests to the following e-mails:

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Que Dios los ayude y muestre el camino verdadero, y la recompensa que el mayor mérito.




LISTA DE LIBROS




1 - Breve Guía Ilustrada para entender el Islam
2 - La mujer en el Islam y en el Judeocristianismo
3 - Un Solo Mensaje
4 - La Fortaleza Del Musulman
5 - La Verdad Acerca De Jesus
6 - Muhammad En La Biblia
7 - Los misterios del Corán
8 - Muhammad El Mensajero de Dios
9 - Los Nombres más Hermosos de Al-láh
10 - Concepto de Dios en el Islam
11 - LOS CUARENTA HADICES
12 - Qué Dice EL ISLAM Sobre El Terrorismo
13 - Realidades Sobre El Islam ( Preguntas y Respuestas )
14 - LO QUE LA BIBLIA DICE ACERCA DE MUHAMMAD
15 - EL NOBLE CORAN Y SU TRADUCCION COMENTARIO
16 - CRISTO EN EL ISLAM
17 - QUIÉN INVENTÓ LA TRINIDAD
18 - CUAL ES SU NOMBRE?
19 - Dios se hizo hombre?
20 - ¿CÓMO ABRAZAR EL ISLAM?
21 - KIT DE COMBATE
22 - El Islam es…
23 - El Islam es la religion de la paz
24 - SÚPLICAS DIARIAS DEL MUSULMÁN
25 - El mensaje del Islam
26 - PRESENTACION DE LA RELIGION DEL ISLAM
27 - Los pilares del Islam y la Fe – Capítulo sobre el Ayuno y el Retiro Espiritual
28 - La Verdadera Religión de Dios
29 - Los Derechos Humanos en el Islam

jueves, 13 de mayo de 2010

LA MUJER COMO ESPOSA

Uno de los mayores signos de benevolencia, misericordia y poder de Dios es que ha creado a la humanidad en parejas para que entre sí, se reconforten, satisfagan sus necesidades y se ayuden. El Profeta (P y B) enfatizó la importancia del vínculo matrimonial, dijo:
“Quien se case, completa la mitad de su religión, entonces que tema a Dios por la otra mitad”. [Transmitido por Tabrani]
Dios, Enaltecido sea, dijo en el Sagrado Corán:
“Y entre Sus signos está haberos creado esposas de entre vosotros para que encontréis en ellas sosiego, y puso entre vosotros amor y misericordia”. [30:21]
La base fundamental de la sociedad es la familia, y el marido y la mujer son copartícipes en esa familia sobre la que se construye el hogar musulmán. Para que la familia tenga éxito y haya tranquilidad en el hogar, el Islam le otorga a cada cónyuge ciertos derechos y obligaciones. A continuación, nos concentraremos en los derechos de la esposa.
La dote: La dote es el derecho de cada mujer cuando contrae matrimonio. El contrato matrimonial no es legal si no se especifica la dote. Este derecho no se puede anular, incluso si la mujer estuviera de acuerdo. La dote le pertenece a la mujer y tiene la libertad de hacer con ella lo que quiera.
Dios dice en el Corán:
“Dad a vuestras mujeres su dote con buena predisposición”. [4:4]
El esposo no puede quitarle la dote, ni parte de ella si después de un tiempo decide divorciarse de la mujer. Dios dice en el Corán:
“Y si queréis cambiar de esposa (divorciando a la que tenéis para casaros con otra) habiéndole dado una dote cuantiosa, no pretendáis recuperar nada de la misma. ¿Acaso queréis cometer una injusticia? ¿O pretendéis que se os devuelva lo que le habéis dado después de haber compartido la intimidad y de haber concertado un pacto firme?”. [4:20-21]
Esta aleya indica significativamente lo sagrado que son los votos matrimoniales y lo íntimo de la relación, como así también el derecho que tiene la mujer a quedarse con la dote en caso de divorcio. Dios, Enaltecido sea, dice en el Sagrado Corán:
“¡Oh creyentes! No es lícito tomar a las mujeres como objeto de herencia, ni impedirles o forzarlas a que vuelvan a casarse para recuperar parte de lo que les hayáis dado salvo que cometieran adulterio (…) Tratad bien a vuestras mujeres en la convivencia. Y si algo de ellas os disgusta, es posible que Dios haya decretado a pesar de esto un bien para vosotros”. [4:19]
Esta aleya garantiza la justicia y los derechos de la esposa aún si su marido no está completamente conforme con ella. Esto también está expresado en el dicho del Profeta (P y B) narrado por Abu Hurairah:
“Un hombre creyente no debe odiar a una mujer creyente (a su esposa), si alguna característica suya le disgusta, le gustará alguna otra”.[Transmitido por Bujari]
Manutención: El marido tiene la obligación de darle a su mujer un sustento honorable y suficiente acorde a sus posibilidades. Dios dice en el Corán:
“Que el pudiente mantenga a su familia según sus medios, y aquel cuyo sustento sea limitado que lo haga acorde a lo que Dios le haya proveído. Dios no exige a nadie por encima de sus posibilidades. Y ciertamente luego de toda dificultad, Dios os enviará un alivio”. [65:7]
Si un hombre tiene los medios económicos para mantener bien a su familia y se negara a hacerlo, la mujer tiene derecho a tomar lo que le corresponda para satisfacer sus necesidades y las de sus hijos, evitando malgastar el dinero en extravagancias. Hind bint Utbah se acercó al Profeta (P y B) y se quejó de su esposo Abu Sufian:
“Mi esposo es muy tacaño y no gasta el dinero suficiente para mí y sus hijos”. Respondió: “Toma lo que te sea suficiente para ti y tus hijos dentro de sus límites”.[Transmitido por Bujari]
Si el marido pasara por un período de escasez financiera y le fuera imposible cubrir los gastos de su familia o si se alejara de ella por un largo tiempo y su esposa fuera perjudicada por su ausencia, la mujer puede pedir la anulación del matrimonio según los veredictos de la jurisprudencia islámica. El Profeta (P y B) explicó este derecho:
“Temed a Dios en los asuntos relacionados a tu mujer porque has hecho un juramento ante Dios y has legitimado tus relaciones íntimas con ella por la palabra de Dios: tu derecho es que nadie que tú no desees (entre a tu casa) se siente en tu cama (o almohadones), y si esto sucediera, entonces puedes reprenderla, y su derecho es que tú la alimentes y la vistas dentro de tus posibilidades”.[Transmitido por Muslim y Abu Dawud]
El Profeta (P y B) le dijo a su compañero Saad ibn Abi Waqas:
“No hay cantidad que gastes para tu familia buscando la recompensa de Dios que no sea Él quien lo retribuya, incluso si es el bocado de comida que pones en la boca de tu esposa”.[Transmitido por Bujari]
Justicia y equidad: El hombre que esté casado con más de una esposa deberá actuar con justicia y equidad con ellas. Esto incluye su obligación de proveerlas de alimentos, vestimenta, vivienda y de pasar su tiempo y tener intimidad con ellas. Dios dijo:
“Si teméis no ser equitativos con (las dotes de) las huérfanas, entonces casaos con otras mujeres que os gusten: dos, tres o cuatro. Pero si teméis no ser justos, casaos con una sola o recurrid a vuestras esclavas. Esto (casarse con una sola mujer) es lo recomendable para evitar cometer alguna injusticia”. [4:3]
El Profeta de Dios (P y B) dijo:
“Quien tenga dos esposas y favorezca a una sobre la otra, llegará al Día de la resurrección con uno de sus lados caído”.[Transmitido por Tirmidi, Hakim y otros]
Esto indica que el hombre debe ser justo y equitativo con sus esposas. Se le advierte sobre el castigo de la parálisis y la deformación que sufrirá en la Otra Vida tal como él deforma los derechos de sus mujeres en esta vida.
Es ilegal que un hombre maltrate a su esposa con cualquier tipo de abuso, dificultad, acoso, carga indebida o insulto. Tampoco puede abusar de los bienes y el dinero de su esposa ni forzarla a pagar sus cosas a modo de rescate para que él le dé el divorcio. La ley Islámica no permite que el marido obligue a la esposa a hacer algo inmoral o vergonzoso que atente sobre su honor o el de su familia o sea perjudicial para la sociedad. La razón de estas restricciones es incitar a una conducta correcta. Aquellos que actúan indiscretamente y son sospechados de estar cometiendo infidelidades, pueden ofrecerle el divorcio a su mujer, como así también ella puede solicitar “Jula”, por medio del cual se disuelve el contrato matrimonial argumentando mal comportamiento.

Protección y preservación

El marido debe proteger de la mejor manera posible a su mujer y sus hijos y prevenirles de posibles daños o situaciones inmorales. Dios, Enaltecido sea, dice:
“¡Oh creyentes! Guardaos a vosotros mismos y a vuestras familias del Fuego, cuyo combustible serán los hombres y las piedras, y en el que habrá ángeles violentos y severos que no desobedecen a Dios en lo que les ordena, sino que ejecutan cabalmente Sus órdenes”. [66:6]
Todo lo que proteja de cometer actos ilícitos o inmorales es recomendable pero sin llegar a los extremos. El Profeta (P y B) dijo:
“Existe un tipo de celos que Dios ama y otro tipo que odia: el tipo que ama es sobre los actos dudosos y el tipo de odia es sobre los actos que se cometen sin duda alguna”. [Transmitido por Ahmad, Abu Dawud y Nisae]
Cierto tipo de celos son aceptables y hasta recomendables, y otros no, como lo explicó el Profeta (P y B) y lo confirmó en otra narración:
“Ciertamente Dios se pone celoso y el creyente se pone celoso y los celos de Dios son por ver un creyente cometiendo actos ilícitos”. [Transmitido por Bujari, Muslim y otros]
Y dijo:
“Tres tipos de personas no entrarán al Paraíso: el que desobedece a sus padres, el que no tiene cierto grado de celos por su esposa y la mujer que actúa o se viste como un hombre”.[Transmitido por Ahmed]

La compañía, el cuidado y las relaciones íntimas

El marido debe vivir con su esposa honradamente, con respeto y buenos modos. Debe mantener su apariencia decente, limpia y aceptable cuando se relaja en su hogar, tal como le gusta encontrar a su mujer ya que debe existir entre ambos respeto y decencia. El Profeta de Dios (P y B) dijo al respecto:
“El más completo de los creyentes es el que tiene el mejor carácter, y el mejor de vosotros es el que trata bien a sus mujeres”.[Transmitido por Tirmidi ]
El Mensajero de Dios solía reparar su ropa y sus zapatos, y ayudaba a sus esposas en los quehaceres del hogar. En una ocasión le preguntaron a Aisha: “¿Qué hacía el Mensajero de Dios cuando estaba en casa?”. Respondió: “Ayudaba con las tareas del hogar y cuando escuchaba el llamado a la oración, salía de la casa”. El Profeta (P y B) siempre era agradable, bondadoso y amable con todos y también jugaba y se divertía con los miembros de su familia. Dijo:
“Todo lo que no contiene el recuerdo de Dios es puro pasatiempo excepto por cuatro cosas: bromear y jugar con la esposa de uno, entrenar un caballo, caminar de un lugar a otro y aprender a nadar”.[Transmitido por Nisae]
Este dicho indica que los entretenimientos son meramente para jugar y pasar el tiempo, y en consecuencia, uno no recibe recompensa por ellos, excepto los casos mencionados por el Profeta (P y B) que son útiles y se realizan con buenos propósitos. El Profeta (P y B) era conocido por ser alegre y decente al jugar con su familia o bromear con ellos. Por ejemplo, Aisha dijo:
“Una vez el Profeta (P y B) y yo corrimos una carrera y yo gané. Esto fue antes de que yo envejeciera y subiera de peso, luego de lo cual corrimos otra vez y ganó él. Al finalizar la carrera, el Profeta (P y B) me dijo: “Esta (victoria compensa) por aquella (tuya)”.[Transmitido por Ahmed , Abu Dawud, Ibn Hibbaan]
Existen varios relatos del Profeta (P y B) cuando se quedaba en su casa hablándole a su familia, haciéndoles compañía y demostrándoles cariño antes de ir a dormir o antes de realizar el último rezo del día. Por ejemplo, Ibn Abbas narró: “Un día dormí en la casa de Maimuna (su tía y esposa del Profeta (P y B)) y vi al Profeta realizar sus oraciones. Conversó un momento con su esposa y se fue a dormir. Más tarde en la noche, se despertó para rezar como Dios le había decretado”.
Dios dice en el Corán:
“Hay un bello ejemplo en el Mensajero de Dios (de valor y firmeza en la fe) para quienes tienen esperanza en Dios, (anhelan ser recompensados) en el Día del Juicio y recuerdan frecuentemente a Dios”. [33:21]
Por lo tanto, el Profeta (P y B) es el mejor ejemplo a seguir por todos nosotros, los creyentes. Todos los musulmanes deberían seguir los pasos del Profeta (P y B) en todos los asuntos personales y públicos de la vida.
El marido debe guardar para sí los secretos y defectos de su esposa. No debe conversar en público de temas privados del matrimonio, ni siquiera con los amigos más íntimos. Al respecto, el Profeta (P y B) dijo:
“Uno de los peores ante los ojos de Dios el Día de la Resurrección es el hombre que tiene relaciones íntimas con su esposa, o una esposa con su marido, y luego uno de ellos cuenta su privacidad a otros”.[Transmitido por Muslim y otros]
Al igual que el hombre, la mujer casada tiene derecho a pasar la noche con su marido y tener una vida sexual saludable que la satisfaga. El hombre está obligado por la ley Islámica a cumplir los deseos sexuales de su esposa y satisfacer sus deseos para evitar que intente cometer actos ilícitos. Una esposa, como toda mujer, tiene una gran necesidad de ser amada y valorada, que la tengan en cuenta y de cumplir sus deseos físicos naturales.
El Islam prohíbe que un hombre se dedique a realizar actos físicos de adoración, como rezar o ayunar, al extremo que deje de atender las necesidades físicas, sexuales y sociales de su esposa. Salman Al Farisi narró un incidente famoso:
“Un día fui a visitar a mi hermano en la fe Abu Darda y cuando llegué, me saludó su esposa, que estaba muy desalineada. Le pregunté: ‘¿Cuál es tu problema, por qué estás en este estado tan desagradable para tu esposo?’. Ella dijo: ‘Tu hermano Abu Darda no tiene ningún interés en los asuntos mundanales. ¡Se pasa todas las noches rezando y todos los días ayunando!’. Luego vino Abu Darda a darme la bienvenida y me ofreció comida. Le pregunté: ‘¿Por qué no comes conmigo?’. Respondió: ‘Estoy ayunando’. Entonces dije: ‘Por Dios, debes cortar tu ayuno y comer conmigo’. Abu Darda rompió su ayuno y comió conmigo. Pasé esa noche en su casa y lo vi levantarse durante la noche para rezar, pero lo interrumpí diciéndole: ‘Tu cuerpo tiene ciertos derechos sobre ti, tu Señor tiene ciertos derechos sobre ti, y tu familia tiene ciertos derechos sobre ti. Ayuna algunos días y no ayunes otros, acércate a tu esposa (para tener relaciones maritales). Garantízale a cada uno su derecho como corresponde’”.
Justo antes del amanecer, Salman dejó que Abu Darda se levantara a rezar. Ambos se levantaron, realizaron la ablución, rezaron y luego se dirigieron a la mezquita a rezar el Fayr. Cuando terminó la oración, Abu Darda se acercó al Profeta (P y B) y le contó lo que había pasado con Salman y lo que éste le había dicho. El Profeta (P y B) le dijo:
“Salman ha hablado con la verdad”. [Transmitido por Bujari y otros]
Con respecto a las necesidades de su esposa, un hombre no debe ausentarse de su hogar por un tiempo demasiado largo. Después de haber consultado a su hija Hafsa, el Califa Omar ibn Al-Jatab dictaminó que el período que una mujer debe esperar pacientemente a su marido es de seis meses.
Abdur Razaq y otros narraron una famosa historia:
“Omar ibn al-Jatab estaba haciendo una ronda nocturna por el pueblo cuando oyó a una mujer lamentarse:
La noche se ha hecho larga y su fin es oscuro y negro.
No puedo dormir desde que no tengo a mi amante con quien jugar.
Si no hubiera un Señor, cuyo Trono está en el Cielo,
esta cama se retorcería, temblaría y se estremecería.
A la mañana siguiente, Omar fue hasta la casa de esa mujer y le preguntó por qué había dicho esa poesía. La mujer le dijo que su marido se había ido en una campaña militar hacía tiempo ya. Luego Omar fue a consultarle a su hija sobre cuánto tiempo una mujer puede ser paciente para esperar a que su esposo regrese. Después de meditarlo un momento, durante el cual la convenció de que este tema era muy importarte para los musulmanes, ella respondió: “Seis meses”. A partir de ese momento, Omar organizó todas las campañas militares para que terminaran en seis meses así todos podrían regresar con sus esposas dentro de ese período de tiempo.
Esto es aproximado, ya que las circunstancias pueden llevar a que ese tiempo sea mayor o menor. La mujer puede tolerar la ausencia de su marido por más de seis meses o puede demandarle que regrese antes que se cumpla ese tiempo. El hombre no puede negarle a su esposa su reclamo legítimo salvo que exista una buena razón que lo justifique. Además, el hombre no podrá tomar ninguna decisión financiera en nombre de su esposa sin su permiso.
El esposo deberá consultarle a su mujer sobre las decisiones importantes en relación a su hogar, sus hijos y otros temas en común. No es aconsejable que el hombre imponga una decisión sobre la familia sin escuchar la opinión de su esposa, siempre y cuando sea una opinión inteligente y correcta. El Profeta de Dios (P y B) nos dio un ejemplo práctico al respecto. El Día del Pacto con la tribu Quraish, el Profeta (P y B) le ordenó a sus compañeros que se raparan las cabezas y que abandonaran su estado de Ihraam, pero fueron lentos y no se apresuraron a cumplirlo. Um Salamah, su esposa, le recomendó que él lo hiciera primero y luego saliera a ver a sus compañeros. El Profeta (P y B) actuó según el concejo de su esposa y cuando los compañeros lo vieron, se apresuraron en cumplir obedientemente.
El marido debe evitar contar cada error insignificante que pueda cometer su esposa. Por ejemplo, el Profeta de Dios (P y B) dijo:
“Un hombre no deberá llegar a su hogar tarde en la noche luego de un viaje (es decir, sin anunciar su llegada con anterioridad)”. [Transmitido por Bujari, Muslim y otros]
El Profeta (P y B) dio esta recomendación para que el marido no encontrara a su mujer desalineada y eso le provocara desagrado. Por supuesto que en la actualidad, el esposo puede comunicarse con su esposa con mayor facilidad para decirle si regresará durante el día o en la noche.
El hombre está obligado a ser bueno, atento y cuidadoso con su esposa. Debe tratarla con honestidad, decencia, paciencia y cuidado, considerando su naturaleza. A la mujer le agrada que la amen y que la cuiden. Su esposo debe demostrarle afecto, amor, aprecio, cuidado y consideración.
El sistema de divorcio en el Islam está diseñado para proteger los derechos e intereses de la mujer y para dar una amplia oportunidad a la reconciliación de la pareja. Más adelante daremos algunos detalles al respecto, por ahora sólo mencionaremos que en el divorcio, así como en el matrimonio, cada uno debe actuar con buen comportamiento para asegurarle a cada parte lo que le corresponde. Dios, Todopoderoso, dice:
“Si la voluntad de divorcio se expresare dos veces, se tendrá aún la posibilidad de reconciliarse debiendo tratar a la mujer benévolamente, o en caso contrario dejarla marchar de buena manera”. [2:229]

lunes, 10 de mayo de 2010

UNA MUJER EN EL AMANECER DEL ISLAM.

Una vida en la intimidad de la revelación.

Aisha nació en la Meca cuatro años antes de la revelación. Sus padres Abu Bakr as-Siddiq y Um Rumman fueron de los primeros musulmanes. Su padre no es otro que el venerado y gran compañero del Profeta a quién este último nombró el “verídico” a partir de las inumerables pruebas de confianza y de leltad hacia él y hacia la religión de Dios. Abu Bakr es aquel reconocido por el Corán como “el amigo” del Profeta.
“Cuando dijo a su amigo: “no estés triste, Dios está con nosotros.” “ Corán 9/40. A Aisha se le ha llamado “la verídica, hija del verídico” (as-siddiqa bint as siddiq). Incluso antes de su conversión, su padre era conocido por su rectitud, su bondad y sus grandes conocimientos de la historia de Arabia, lo que se consideraba como patrimonio cultural propio de esta familia. Por otra parte, esto explica la razón por la cual Aisha, siendo aún muy joven, fue enviada con una familia de árabes notables que le enseñaron la lengua, la poesía y la cultura árabe lo que le permitió después sobresalir en estos campos y captar de manera profunda las sutilezas linguisticas del Corán.(1)

Su madre, Um Rumman, también es conocida como una de las primeras creyentes. Formaba parte de las sabias (sahabiyyat) a quienes el Profeta , en un hadith, les había predecido el Paraíso.(2). Su hermana Asma, personaje histórico y célebre del Islam, era conocida como una de las primeras musulmanas y ferviente partidaria de la causa del Islam. Por lo tanto, Aisha
vivió y creció en un ambiente familiar profundamente impregnado de esta enseñanza islámica original.

El profeta se casó con Aisha despues de recibir, a través de un sueño, una revelación que le auguraba su matrimonio con ella. (3) Aún cuando se casó muy joven, costumbre en Arabia, no fue sino hasta que llegó a la pubertad que el Profeta vivió con ella bajo el mismo techo en Medina. Fue la única mujer virgen con quién se casó el Profeta puesto que todas sus otras esposas eran viudas o divorciadas.
 
Durante diez años, Aisha vivió en la casa del Profeta y gracias a su juventud, su inteligencia y su espíritu vivaz, fue una de las mujeres que más se beneficiaron con la enseñanza profética. Esta iniciación en la religión se desarrolló en un clima de infinito amor conyugal. Era de tal manera manifiesto el gran amor que le profesaba el Profeta que no perdía ninguna oportunidad para probárselo o para asi confesarlo a sus allegados. Sin duda, era su dulce preferida, consideración y privilegio que le acordaba y cuya autenticidad se manifiesta en varios hadiths.
En un célebre hadith, Amr ibn al- As, uno de sus fieles compañeros, le pregunta:
“¿Quién es la persona a la que más amas?” El Profeta respondió: “Aisha”. No, “¿entre los hombres?” volvió a preguntar el compañero quién, aparentemente, en el término persona incluía únicamente a los hombres...“ a su padre”, respondió el Profeta.Debemos subrayar el hecho de que hubiera podido responder: “Abu Bakr, el padre de Aisha”. Sin embargo, respondió “a su padre”, lo que prueba su insistencia en el vínculo sentimental con Aisha. Esta alusión es muy importante  puesto que es un testimonio de la sensibilidad del Profeta hacia “lo femenino”.
   
Aisha era amada por partida doble, por ella misma y porque era la hija del Amigo. Por otra parte, Abu Bakr también era apreciado por ser el padre de la bienamada. Evidentemente, esta preferencia que manifestaba el Profeta por Aisha, irritaba a las otras esposas e incluso a Fátima Zahra, hija del Profeta, quién fue enviada a solicitud de todas a quejarse por esta situación. Ël dió esta maravillosa respuesta que prueba su inmensa ternura:
“Pero hija mía, ¿no amas tú a quién yo amo? (5) Muchos relatos evocan la intensidad del amor por quién fue “la mujer de su vida” después de la muerte de Khadija, su primera y adorada esposa. Con frecuencia, en momentos anodinos, el Profeta tenía gestos dulces y de inmensa
ternura, que mucho decían de su lado sentimental y humano. No podía soportar el sufrimiento que podía padecer su mujer. Por ejemplo, cuando Aisha se quejaba de un dolor de cabeza, era tan grande su pesar que terminaba por sufrir del mismo dolor. (6) No eran raras las manifestaciones de amor y de afecto del Enviado de Dios, pero a Aisha le encantaba escuchar decir que la amaba. Para afirmar su amor, a veces le preguntaba:
“ ¿Cómo es tu amor por mí?”
“Fuerte y sólido como el nudo de una cuerda” respondía el Profeta.
De vez en cuando le preguntaba:
“ ¿Cómo esta el nudo?”
El Profeta le respondía “ En las mismas condiciones”, lo que testimoniaba su fiel complicidad amorosa. Un día, un hombre invitó al Profeta a cenar y este preguntó “ ¿También esta invitada Aisha?”. El hombre respondió negativamente y el Profeta rechazó la invitación. Esta misma persona reiteró tres veces la invitación y el Mensajero rechazó tres veces la invitación hasta que el hombre invitó también a Aisha.
El Profeta y Aisha estaban unidos por una dulce y bella armonía como lo reportan muy numerosas fuentes de la tradición. El profeta decía que “Los mejores entre vosotros son los mejores para con sus mujeres” y el era, ciertamente, el mejor de los hombres, el mejor de los maridos y el mejor de los padres.
Este comportamiento ejemplar del que hizo gala con sus allegados durante toda su vida, es una prueba irrefutable de su dulzura y bondad con respecto a las mujeres y bien harían un buen número de musulmanes de hoy en seguir este ejemplo a nivel de sus relaciones con su esposa y con las mujeres en general. ¿Cuántas veces los hombres musulmanes se comportan con las mujeres en forma grosera y carente de toda sensibilidad y ternura, casi brutalmente? Y, colmo de la ironía, muchos de estos musulmanes alardean de esta conducta como una afirmación irrefutable de su identidad musulmana. Esto prueba que su concepción de la tradición profética es muy superficial y ridícula.
Los sentimientos de cariño y afecto que el Mensajero demostraba hacia Aisha,eran un hecho conocido y reconocido por todos, sobre todo por su fieles compañeros que tenían por principio amar y respetar lo que el Mensajero amaba. Es así que algunos compañeros sólo ofrecían regalos al Profeta cuando se encontraban en la casa de Aisha, esperando compalcerlo más frente a su esposa preferida. Es evidente que todo esto sucitaba ciertos celos, muy legítimos y comprensibles,entre las otras esposas. De acuerdo con un relato de la Tradición, Um Salama,
esposa del Profeta, evocó frente al Mensajero tres veces seguidas su contrariedad quién sólo respondió a la última en estos términos.“No me hieras con tus palabras con respecto a Aisha. Te juro por Dios que es la única mujer con quién he recibido la Revelación divina.” Por otra parte, los fieles compañeros siempre le acordaron una consideración distinta y privilegiada, lo que se notaba en su comportamiento y en sus palabras hacia ella a quién llamaban “la bienamada del bienamado de Dios” o como Umar Ibn al- Khattab: “la bienamada del Profeta”, o como Ali Ibn Abi Talib: “la amiga íntima del Profeta” (Khalilatu rasul Allah). Los compañeros íntimos del Profeta eran testigos del gran afecto, estimación y profundo respeto que le tenía
a Aisha.
Al lado del Profeta, Aisha también se distinguió por su extrema devoción hacia la persona del Mensajero y a su causa, asi como por su capacidad para hacer frente a todas las necesidades y sufrimientos que implicaba esta forma de vida. Nunca se quejó de la austeridad en la que vivía el Profeta ni deploró las arduas y penosas condiciones durante los difíciles periodos de la Revelación. Por el contrario, convencida de la verdad de la causa del Islam, no escatimaba ningún esfuerzo para luchar al lado del Profeta a fin de que se cumpliese las palabra
Divina sobre la Tierra.
Al día siguiente de la batalla de Khaybar, cuando los musulmanes empezaban a acumular victorias y ante el crecimiento de las ganancias obtenidas en las diferentes batallas, algunas esposas del Profeta le pidieron que les otorgara un parte de las ganancias. Esta solicitud hirió profundamente al Profeta quien destinaba todas sus riquezas a la gestión de la naciente comunidad musulmana y no a su vida privada. En estas circunstancias, decidió aislarse de sus esposas durante un mes. Después de este episodio el Profeta recibió una revelación del Corán en la que Dios le ordenaba exigir a sus esposas escoger entre una vida de fasto sin la
presencia de su noble esposo y una vida pobre pero digna con él: “Profeta, díle a tus mujeres: si desean la vida de este bajo mundo, venid y os liberaré dandoos los bienes de esta vida. Pero si buscáis a Dios y a Su mensajero y el triunfo en el Más Allá, Dios os ha preparado una inmensa recompensa por el bien que haréis.” Corán 33/28-29. Cuando este verso le fue revelado, la primera mujer que el Enviado de Dios fue a ver para proponerle la alternativa fue Aisha. Los relatos de la Tradición nos desvelan como el Profeta al presentar esta “alternativa” a todas sus esposas fue especialmente conciliador con Aisha, a la única a quien concedió un periodo de reflexión para responder, mientras que exigió una respuesta inmediata de todas
las demás. Através de este gesto, los comentaristas han podido medir el amor tan distinto que el Profeta profesaba a Aisha y su temor de que su esposa, en virtud de su fuerte personalidad y su fogosa juventud, decidiera la separación. Aisha tuvo una respuesta inmediata y rechazó el privilegio del periodo de reflexión, eligiendo desde lo más profundo de su alma a Dios y a Su Mensajero, elección a la que permanecerá fiel a lo largo de toda su vida.. No se trata aquí de
deducir cierta injusticia en el comportamiento del Profeta con respecto a sus otras esposas. El jamás fue así y la historia le reconoce un trato justo a todas sus esposas. Lo que sería necesario retener aquí de su preferencia por Aisha es el aspecto de su humanidad, de la incontrolable, pero ciertamente legítima,inclinación de su corazón hacia quien fue su dulce compañera. En este sentido,el Profeta repetía la siguiente invocación que traducía sus sentimientos afectivos:
“ O Dios, he aquí mi equidad en lo que me pertenece, pero no me reprendas por lo que te pertenece y que no puedo controlar”. Días antes de la muerte del Profeta bienamado, cuando la enfermedad progresaba rápidamente y cada día se acentuaba el sufrimiento, alterado y muy
enfermo, no cesaba de preguntar “ ¿en casa de quién estaré mañana?”Las otras esposas comprendieron que de esta manera expresaba su deseo de permanecer con Aisha y le pidieron que, por respeto a su voluntad, lo tuviera en su casa.Los sentimientos que abrigaba con respecto a Aisha eran tan intensos y profundos que deseaba vivir su enfermedad y su muerte en su casa, en sus brazos... Unidos los dos delante de Dios... Unidos en la vida y en la muerte y, por la gracia de Dios, en el Más Allá.Aisha fue el único testigo de su agonía, de sus últimas palabras y de su último aliento. Fue en los brazos de Aisha que tomó su decisión final: reunirse con su Dios, el Creador de este mundo. El Profeta fue sepultado en la habitación de la propia Aisha, lugar que se convertiría después en uno de los lugares santos más visitados y venerados del Islam. Después de su muerte, Aisha jamás se separó de él. Sepultado en su casa y teniendo por tumba su habitación, Aisha se propuso vivir en su presencia, con su memoria en el corazón y en lo más profundo de su alma. Fiel a su mensaje, a su enseñanza y a su conducta. Le esperaba una larga jornada puesto que vivió cincuenta años más después de la muerte del Mensajero del Islam y fue, sin duda alguna, su digna heredera espiritual y la depositaria de su Tradición.

lunes, 3 de mayo de 2010

DEBAJO DEL HIJAB POR LORENA LARA

La identidad de la mujer musulmana se define a través de múltiples características que la diferencian del resto de las mujeres. En cuanto a su fe, cumple con sus obligaciones con Allâh (al igual que el hombre) realizando sus oraciones, pagando su Zakât, ayunando en el mes de Ramadán,participando del Hayy, leyendo el Corán y obedeciendo siempre los mandatos de Allâh.  En su relación con otras personas ella trata a la gente con respeto, evita mezclarse con los hombres que no son mahram, sabe dar consejos, es obediente con su marido y respetuosa con sus padres, educa bien a sus hijos y es la mejor vecina.Se destaca por su carácter, es veraz, fiel, amable, tolerante, sincera y generosa. No es chismosa ni orgullosa, y jamás calumnia ni engaña a las personas. En cuanto a su propio ser, la mujer musulmana busca el conocimiento, nunca deja de leer y estudiar. Procura siempre estar en compañía de gente recta y participa de reuniones religiosas. Cuida su cuerpo, su aspecto personal y se embelleces únicamente frente a su esposo prestando especial atención a su vestimenta para salir de su casa. Cuando decimos que la mujer musulmana es recatada en su forma de vestir, nos referimos específicamente al uso del Hiyâb y a la forma en que cubre su cuerpo en presencia de los hombres que no son mahram. Sobre este último aspecto concentraré mi trabajo.

En una sociedad que designa un espacio público para el ejercicio de la prostitución, absuelve
a quienes abusan de menores y mujeres y aprueba los contenidos sexuales de lo que ven nuestros hijos en televisión mientras miran sus programas infantiles, es muy poco lo que se puede discutir sobre un código de vestimenta que no exponga los atributos femeninos y sería una utopía pedir que la moda incite a las jóvenes a cubrir sus cuerpos para salir a la calle. Evidentemente no está en nuestras manos decidir sobre estos temas, pero sin lugar a dudas no podemos ponerlos como escudo frente a lo que para nosotras es una obligación.

“¿Viste como me miran? ¿Cómo voy a ir a mi trabajo con Hiyâb? ¿Qué van a decir? ¿Con este
calor? ¿No escuchas lo que te dicen por la calle?¿Ves como se ríen? Cuando vengo a la mezquita siempre me cubro. Es muy difícil vestir así todo el tiempo en un país occidental. Nadie te entiende. Todos te juzgan. Te miran con miedo. Creen que estás enferma o loca. No… No es que no quiera… Yo NO PUEDO usar Hiyâb.” Tristemente estas palabras suenan familiares, pero mucho más lamentable aún es saber que existen miles de excusas más para seguir desobedeciendo a Allâh. En este trabajo trataré de probar que estas frases no son meramente prejuiciosas sino que se refieren a los sentimientos y modo de pensar erróneos de muchas musulmanas occidentales.Para lograrlo, diseñé una encuesta anónima y la distribuí a cuarenta y dos mujeres musulmanas –entre las cuales me incluí a mí misma – sobre el uso del Hiyâb en distintos ámbitos y sus opiniones acerca de cuándo y por qué dejan de usarlo.Mediante el análisis de las respuestas, intentaré demostrar cómo observar el Hiyâb es un aspecto esencial de la identidad de la mujer musulmana. Antes de comenzar este análisis, resumiré algunos conceptos islámicos que servirán de marco teórico de este trabajo.

El significado del Hiyâb
Allâh ordenó a las creyentes que cubran sus encantos y especificó aquellas personas ante las
cuales la mujer puede quitarse el Hiyâb. Allâh dice en el Sagrado Corán:Y diles a las creyentes que recaten sus miradas, se abstengan de cometer obscenidades, no muestren de sus arreglos y adornos más que lo que está a simple vista [como el rostro y las manos], cubran sus pechos con sus  manos] a sus maridos, sus padres, los padres de sus maridos, sus hijos, los hijos de sus maridos, sus hermanos, los hijos de sus hermanos, los hijos de sus hermanas,las mujeres, sus esclavas, sus sirvientes que tengan deseos sexuales, los niños que todavía no sienten atracción por el sexo femenino, y [diles también] que no golpeen con los pies al caminar para que no se escuche el sonido de sus ajorcas [y llamen la atención de los hombres]. Y pedid perdón a Allâh por vuestros pecados ¡Oh, creyente!, que así tendréis éxito [en esta vida y en la otra].Sûrah de la Luz 24: 31 Vestir el Hiyâb no significa solamente llevar un pañuelo en la cabeza, hay ciertas condiciones que también se deben observar:

1- La ropa debe ser holgada, lo suficientemente larga como para cubrir todo el cuerpo y que
no sea traslúcida.
2- Si utiliza pulseras u otros adornos, no deben hacer ruido al caminar.
3- El tipo de tela, diseño y colores no deben llamar la atención.
4- En su forma de vestir no debe parecerse a un hombre. El Profeta  dijo: “Allâh maldice a los hombres que se visten con ropa de mujer y a las mujeres que se visten con ropa de hombre”.
La mujer musulmana debe cubrir sus atributos femeninos porque Allâh así lo ordena. Parte de la sabiduría detrás de esta orden es proteger el honor de la mujer. Allâh confirma esto
en el Corán cuando dice:¡Oh, Profeta! Dile a tus mujeres, a tus hijas y a las mujeres de los creyentes que se cubran [todo el cuerpo] con sus mantos; es mejor para que se las
reconozca y no sean molestan.

Allah es Absolvedor, Misericordioso.Sûrah de Los Aliados, 33: 59 Si una mujer se cubre, los hombres inmorales y corruptos sabrán que no son parte de su presa. El Profeta  advirtió a las mujeres que muestran sus encantos en un Hadîz transmitido por Muslim y narrado por Abu Hurairah. El Mensajero de Allâh  dijo: “En el Infierno hay dos tipos de personas: quienes usan sus látigos como colas de vaca para golpear a la gente, y las mujeres que aún vestidas parecen desnudas y caminan de modo seductor moviendo sus cabezas como jorobas de camello de un lado a otro. No entrarán al Paraíso,ni percibirán su fragancia a pesar de que su
fragancia se perciba desde muy lejos”.El Sheij Al Nawawi explicó este Hadîz y dijo que “las mujeres que aún vestidas parecen desnudas” se refiere a las mujeres que visten ropa ajustada o transparente de modo que se notan las formas de su cuerpo. También dijo que “sus cabezas como jorobas de camello” se refiere a cómo se arreglan el cabello en rodetes altos de forma tal que llaman la atención al caminar porque se balancea de un lado a otro.La mujer debe comprender que cualquier orden que Allâh le haya dado es para su propio beneficio y sólo provocará felicidad para ella misma, para su familia y para toda la sociedad. Al cubrirse, la mujer obtiene una gran estima, se protege del acoso de los hombres y purifica su entorno. El Hiyâb es una forma de identificar a las mujeres musulmanas para distinguirlas y darles un lugar honorable dentro de la sociedad. El Islam brega por una sociedad limpia en la que no se provoquen deseos que lleven luego a cometer actos ilícitos como la fornicación o el adulterio. También nos enseña a diferenciar entre la virtud y el vicio y nos insita hacia lo bueno prohibiendo lo malo para constituir una sociedad sobre la base de la verdad, la pureza, la justicia y la igualdad. La naturaleza humana tiene en sí misma cosas buenas y cosas malas, es por eso que en ocasiones actuamos correctamente y otras no. Sin embargo, Allâh ha abierto la puerta del arrepentimiento y del perdón. Cuando volvemos a Allâh, Él perdona nuestros pecados.

Análisis de la encuesta
Para comenzar, quise saber cuánto hacía que las encuestadas habían abrazado el Islam para
tener en cuenta el nivel de conocimientos del Islam de cada una porque cualquiera podría decir que las nuevas musulmanas tal vez no saben el tema del Hiyâb y de la vestimenta islámica todavía. El 62% dijo ser musulmanas por más de un año y sólo el 19% han abrazado el Islam menos de un mes atrás. Con este resultado como evidencia, continuaré mi análisis con la premisa de que el desconocimiento no es excusa para vestir de cualquier manera, ya que lo primero que se le explica a una nueva hermana es cómo debe vestirse al venir a la mezquita y fuera de su casa. Si observamos el ejemplo de las primeras musulmanas, entenderemos claramente cómo ellas acataron cabalmente la orden de Allâh sin cuestionarse por qué o bajo qué circunstancias debían cubrirse. Según un relato transmitido por Bujari, ‘A’ishah dijo: “Que Allâh tenga misericordia de las mujeres de los emigrantes (Muhâyirûn).

Cuando Allâh reveló cubran sus pechos con sus velos(24:31), ellas rasgaron sus vestiduras y
cubrieron sus cabezas y rostros con ellos”. Existen numerosos hadices que hablan de este primer momento de la revelación, y en todos ellos está claro que las mujeres ni bien oyeron las palabras de Allâh, se cubrieron por completo sin esperar a que alguien más les diera alguna explicación. Como musulmanas debemos seguir el ejemplo de estas mujeres, de su carácter y de su obediencia. Tal vez algunos digan que es difícil responder de este modo en la sociedad en que vivimos, donde el Islam es minoría y la vestimenta islámica resulta extraña a la vista de la gente, pero justamente seguirá siendo una rareza si las musulmanas siguen sin vestir correctamente fuera de sus casas. Distinta sería la reacción de la gente si diariamente vieran caminar por la calle mujeres llevando Hiyâb. Muchos dicen que deben ocultar su cambio de religión y por eso no pueden vestirse apropiadamente, por eso, formulé dos preguntas con respecto a quiénes saben de la condición de nuevas musulmanas. Contrariamente a lo que se
presupone, un 64% respondió que todos sus conocidos están enterados y sólo un 3% dijo ocultarlo. Incluso cuando pregunté en relación al trabajo, los porcentajes se mantuvieron casi
iguales, con un 9% de mujeres que ocultan su religión. ¿No resulta contradictorio entonces que si todos saben que somos musulmanas no salgamos a la calle vistiendo como tales? Con respecto al trabajo, busqué profundizar en el tema haciendo algunas preguntas más que también se desprenden de las creencias populares respecto a la discriminación que sufren los
musulmanes en nuestra sociedad. Hemos escuchado casos de personas que dicen no poder
realizar sus oraciones en horario laboral porque no se lo permiten, que las mujeres no pueden llevar el Hiyâb y que se las ha discriminado por vestir islámicamente. Sólo un 40% respondió que efectivamente utilizan el Hiyâb en sus trabajos, pero lo sorprendente es que del otro 60%, sólo el 12% dijo haber sido discriminada o rechazada en algúntrabajo por vestir como musulmana. Si la mayoría que no lo usa respondió que no sufrió ningún tipo de discriminación o rechazo, me pregunto si alguna vez han intentado siquiera ir a sus trabajos con Hiyâb. ¿No será que imaginan que serán discriminadas y por eso directamente no se presentan con ropa islámica? Esto podrá ser verificado en una próxima encuesta para profundizar sobre este y otros puntos insha Allah. Cabe mencionar aquí algunos conceptos islámicos del trabajo de la mujer musulmana. En el Islam la obligación de proveer el sustento es del hombre y la mujer procura quedarse en su casa atendiendo sus obligaciones de ama de casa y madre. En el caso de que sea necesario que la mujer salga a trabajar, ella debe tener en cuenta que el tipo de trabajo que va a realizar sea acorde a su naturaleza femenina. Deberá cuidarse también
de no mezclarse innecesariamente con sus compañeros hombres prestando atención al tono devoz y forma de hablar que usa al dirigirse hacia ellos. La mujer deberá cuidar de no maquillarse ni embellecerse cuando trabaje con compañeros del sexo opuesto.

Por otra parte, la mujer que por un motivo u otro tenga que salir a trabajar, no debe descuidar
su casa, ni su marido, ni mucho menos la educación de sus hijos. Si todo esto está en riesgo,
deberá entonces replantearse su necesidad de trabajar o buscar un trabajo acorde a su religión. Deberá elegir una tarea que pueda realizar desde su casa, por ejemplo, o donde no tenga que trabajar largas horas fuera de ella. El Profeta dijo:
“Quien renuncie a algo por la causa de Allâh, Allâh se lo compensará con algo mucho mejor”.
(Transmitido por Albani)Otro ámbito en  el que no vemos mujeres vestidas islámicamente es en las escuelas, institutos educativos y universidades. Nuevamente mis preguntas se centraron en saber si utilizan el Hiyâb o no y si han sido discriminadas o agredidas por sus compañeros al vestirlo. De las mujeres que al momento de la encuesta se encontraban estudiando en algún centro educativo, la mitad dijo asistir con Hiyâb y sólo un 9% respondió haber sufrido algún tipo de discriminación. Será material de estudio en próximos trabajos el dilucidar por qué entonces no encontramos mujeres musulmanas en ámbitos educativos vistiendo correctamente su Hiyâb.
Hasta aquí las respuestas han sido variadas y demostrarían que la mayoría de las musulmanas
visten su Hiyâb en el trabajo y en el ámbito educativo. Sin embargo, en las preguntas diez y once las respuestas resultan contradictorias con las respuestas anteriores. Pregunté puntualmente si utilizan el Hiyâb fuera de la casa y las respuestas variaron bastante. Las mismas personas que respondieron que sí lo usaban en sus trabajos (40%) y en los lugares donde estudian (43%), y que también dijeron que todos saben de su religión (64%), en esta pregunta respondieron sólo en un 33% que dijeron usarlo siempre. Muy cerca – con un 29% – respondieron que depende en donde están lo usan o no. El 14% respondió que lo usa pocas veces y el 12% admitió no usarlo nunca, a pesar de que el 76% de las mujeres encuestadas dijeron saber el significado de vestir Hiyâb y de cubrir sus atributos femeninos. 

La pregunta número once se refiere a por qué no usan el Hiyâb y es sorprendente descubrir que la mayoría de las mujeres que dijeron no usarlo siempre, lo hacen por vergüenza (29%). Mientras que fueron muy pocas las que dijeron sufrir algún tipo de discriminación o agresión, el 19% dijeron que no lo usan porque son agredidas o ridiculizadas. Sólo el 5% dijo no vestir el Hiyâb porque se ve ridícula con él. Si podemos decir que no hay discriminación, y que la mayoría dijo no ocultar su religión, evidentemente existe una gran incongruencia en las respuestas y será un buen punto de partida para realizar un nuevo estudio en futuros trabajos.
 
Existen dos temas importantes que también deberán tenerse en cuenta: tener amistades musulmanas y asistir a la mezquita frecuentemente. Debemos seguir estos dos consejos para poder incrementar nuestro conocimiento y poder compartir nuestras experiencias con nuestros hermanos. Cuando pregunté sobre estos temas, la respuesta fue positiva, el 86% dijo tener amigas musulmanas y la mayoría asiste a la mezquita regularmente. Sólo un 5% respondió que únicamente van a eventos especiales. La importancia de concurrir a la mezquita y de tener amistades musulmanas, quedó expresada en numerosos hadices del Mensajero de Allâh .
Abû Mûsa ralató que el Profeta dijo: “El creyente es para con otro creyente como (las distintas partes de) un edificio: Una parte refuerza a la otra” y luego entrecruzó los dedos de sus manos. En otra ocasión dijo: “No os odiéis unos a otros, no os envidiéis unos a otros y no os alejéis unos a otros; sed siervos de Allâh y hermanos. Ningún musulmán puede dejar de hablar con su hermano por más de tres días” (Narrado por Anas bin Mâlik).
Conclusión
Llegamos así a preguntarnos algo que no  podemos pasar por alto: ¿realmente la sociedad
discrimina a las mujeres que se visten de acuerdo con el código islámico o es que las musulmanas no se animan a adoptar el Hiyâb por miedo al ridículo y a verse mal? Si tomamos las respuestas de esta encuesta, podemos llegar a la conclusión de que son muy pocas las que efectivamente tienen problemas en el trabajo, la calle o el lugar donde estudian, por lo que resulta casi obvio que la decisión de no vestir el Hiyâb es absolutamente personal y arbitraria de cada mujer. Evidentemente no es sencillo contradecir los códigos y costumbres de la sociedad en que vivimos, pero ¿es más fácil contradecir a Allâh? Sólo Allâh nos juzgará y sólo Él sabe qué mujeres son o no son buenas musulmanas, quiénes visten el Hiyâb por temor a Él o quiénes lo visten por temor al qué dirán. Usar el Hiyâb no es una cuestión de ser más o mejor que quien no lo usa, es simplemente una orden que Allâh ha dado para el beneficio de cada mujer. ¡Subhana Allâh siempre cuidando de sus siervos! Es verdad que cuesta al principio tomar la decisión de adoptar el Hiyâb todo el tiempo fuera de casa, y tal vez encuentren más
de una dificultad al hacerlo, pero recuerden siempre que Allâh nos pone a prueba para fortalecer nuestros corazones. Allâh dice:
 
¿Acaso piensan los hombres que se les dejará decir: ¡Creemos! Sin ser puestos a prueba? Por cierto que probamos a quienes les precedieron, y Allâh bien sabe quiénes son los sinceros y quiénes los mentirosos.Sûrah de la Araña, 29: 2-3 Tal vez no podamos cambiar la sociedad que nos rodea, pero si comenzamos por cambiar dentro de cada una de nosotras, tal vez podamos incentivar a otras mujeres de nuestra comunidad islámica para que cada vez seamos más quienes cumplamos con Allâh y se nos reconozca en la calle como “musulmanas” y no como cualquier otra cosa. Raro es lo que no se conoce, y si nosotras mismas no hacemos que se nos distinga por nuestra religión, entonces ¿Quién le enseñará a la gente? ¿Los medios? ¿Qué dicen los medios sobre la mujer musulmana? ¿Qué mejor que nosotras mismas para explicar el significado del Hiyâb? Definitivamente el Hiyâb es un componente esencial de la identidad de las musulmanas y aquellas que lo vestimos debemos dar el ejemplo a otras mujeres. Somos madres, hijas, hermanas, esposas, amigas, tías, sobrinas, estudiantes, trabajadoras, amas de casa, y estamos en contacto con mucha gente que seguramente preguntará por qué nos vestimos de este modo. Esa es la mejor oportunidad para difundir nuestra creencia y explicar que no se trata de una imposición de nuestro marido o padre, ni una costumbre árabe, ni una tradición islámica, sino que somos musulmanas y obedecemos a Allâh tan como Él mismo nos ordena en el Corán:¡Oh Creyentes! Obedeced a Allâh,obedeced al Mensajero y a aquellos de vosotros que tengan autoridad yconocimiento. Sûrah de Las Mujeres, 4:59 Esta aleya nos ayuda a comprender que Allâh encomendó obedecerlo a Él y al Mensajero,pero condicionó la obediencia a quienes tienenautoridad sobre nosotros a que obedezcan a Allâh y a Su Mensajero. Esto quiere decir que si recibimos órdenes de autoridades que son contrarias a Allâh y a Su Mensajero, entonces no les debemos obediencia en absoluto. Según el Hadîz transmitido por Ahmad, el Profeta Muhammad  dijo: “No se obedece a un ser creado, desobedeciendo al Creador”.Si la mujer musulmana deja de cubrirse, no sólo viola el Corán y la Sunnah del Profeta , sino que muestra debilidad en su fe dañando su
dignidad y disminuyendo su pudor. El Profeta dijo: “El pudor es parte de la fe” (Transmitido por
Al Bujari). Por eso debemos superar los sufrimientos y las ofensas con paciencia y confianza en Allâh. Abu Musa relató que el Profeta dijo: “Nadie es más paciente que Allâh ante lasofensas. Oye que la gente le atribuye un hijo y Él los sigue dotando con salud y sustento”.
La próxima vez que alguien les pregunte si en verano no sienten calor debajo de tanta ropa, podrán responder con las palabras del Sagrado Corán:Diles [Oh, Muhammad!], El calor del
fuego del Infierno es mucho más intenso aún... Sûrah del Arrepentimiento, 9: 81
 

BIBLIOGRAFÍA

IBN BAZ y otros, Respuestas de la jurisprudencia Islámica para la mujer, IIPH, Riyadh, 2003.
Islam Questions & Answers (preguntas número:45883, 7844, 11967, 20004, 6244, 13998, 6666 y20140) 
www.islam-qa.com El Sagrado Corán – Traducción de su contenido al idioma español, IIPH, Riyadh, 2004. ABDUL RAHMAN, Abdullah, Islamic Dress Code for Women, Darussalam, New York, 1999.ABDUL GHAFFAR, Hasan, The Rights and Duties of Women in Islam, Darussalam, New York, 1999.BADAWI, Jamal, Status of Woman in Islam, The Communities Center, Abha, 1980. 
Dr. ABDULLAH, Daud, Aishah bint Abi Bakr, Abul Qasim Publishing House, Jeddah, 1995.
IBN AL-QADHI, Abu Ammaar, Asma’ bint Abi Bakr, Abul Qasim Publishing House, Jeddah, 1995.IMAM AL BUJARI, Sahih Al Bujari, Oficina de Cultura y Difusión Islámica en Argentina, Buenos Aires, 2003.