Bienvenidos hermanos y hermanas a este pequeño espacio dedicado a ustedes

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Nuestros sufrimientos son caricias bondadosas de Dios, llamándonos para que nos volvamos a Él, y para hacernos reconocer que no somos nosotros los que controlamos nuestras vidas, sino que es Dios quien tiene el control, y podemos confiar plenamente en Él.

FAMILIA EN ALLAH

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lunes, 10 de mayo de 2010

UNA MUJER EN EL AMANECER DEL ISLAM.

Una vida en la intimidad de la revelación.

Aisha nació en la Meca cuatro años antes de la revelación. Sus padres Abu Bakr as-Siddiq y Um Rumman fueron de los primeros musulmanes. Su padre no es otro que el venerado y gran compañero del Profeta a quién este último nombró el “verídico” a partir de las inumerables pruebas de confianza y de leltad hacia él y hacia la religión de Dios. Abu Bakr es aquel reconocido por el Corán como “el amigo” del Profeta.
“Cuando dijo a su amigo: “no estés triste, Dios está con nosotros.” “ Corán 9/40. A Aisha se le ha llamado “la verídica, hija del verídico” (as-siddiqa bint as siddiq). Incluso antes de su conversión, su padre era conocido por su rectitud, su bondad y sus grandes conocimientos de la historia de Arabia, lo que se consideraba como patrimonio cultural propio de esta familia. Por otra parte, esto explica la razón por la cual Aisha, siendo aún muy joven, fue enviada con una familia de árabes notables que le enseñaron la lengua, la poesía y la cultura árabe lo que le permitió después sobresalir en estos campos y captar de manera profunda las sutilezas linguisticas del Corán.(1)

Su madre, Um Rumman, también es conocida como una de las primeras creyentes. Formaba parte de las sabias (sahabiyyat) a quienes el Profeta , en un hadith, les había predecido el Paraíso.(2). Su hermana Asma, personaje histórico y célebre del Islam, era conocida como una de las primeras musulmanas y ferviente partidaria de la causa del Islam. Por lo tanto, Aisha
vivió y creció en un ambiente familiar profundamente impregnado de esta enseñanza islámica original.

El profeta se casó con Aisha despues de recibir, a través de un sueño, una revelación que le auguraba su matrimonio con ella. (3) Aún cuando se casó muy joven, costumbre en Arabia, no fue sino hasta que llegó a la pubertad que el Profeta vivió con ella bajo el mismo techo en Medina. Fue la única mujer virgen con quién se casó el Profeta puesto que todas sus otras esposas eran viudas o divorciadas.
 
Durante diez años, Aisha vivió en la casa del Profeta y gracias a su juventud, su inteligencia y su espíritu vivaz, fue una de las mujeres que más se beneficiaron con la enseñanza profética. Esta iniciación en la religión se desarrolló en un clima de infinito amor conyugal. Era de tal manera manifiesto el gran amor que le profesaba el Profeta que no perdía ninguna oportunidad para probárselo o para asi confesarlo a sus allegados. Sin duda, era su dulce preferida, consideración y privilegio que le acordaba y cuya autenticidad se manifiesta en varios hadiths.
En un célebre hadith, Amr ibn al- As, uno de sus fieles compañeros, le pregunta:
“¿Quién es la persona a la que más amas?” El Profeta respondió: “Aisha”. No, “¿entre los hombres?” volvió a preguntar el compañero quién, aparentemente, en el término persona incluía únicamente a los hombres...“ a su padre”, respondió el Profeta.Debemos subrayar el hecho de que hubiera podido responder: “Abu Bakr, el padre de Aisha”. Sin embargo, respondió “a su padre”, lo que prueba su insistencia en el vínculo sentimental con Aisha. Esta alusión es muy importante  puesto que es un testimonio de la sensibilidad del Profeta hacia “lo femenino”.
   
Aisha era amada por partida doble, por ella misma y porque era la hija del Amigo. Por otra parte, Abu Bakr también era apreciado por ser el padre de la bienamada. Evidentemente, esta preferencia que manifestaba el Profeta por Aisha, irritaba a las otras esposas e incluso a Fátima Zahra, hija del Profeta, quién fue enviada a solicitud de todas a quejarse por esta situación. Ël dió esta maravillosa respuesta que prueba su inmensa ternura:
“Pero hija mía, ¿no amas tú a quién yo amo? (5) Muchos relatos evocan la intensidad del amor por quién fue “la mujer de su vida” después de la muerte de Khadija, su primera y adorada esposa. Con frecuencia, en momentos anodinos, el Profeta tenía gestos dulces y de inmensa
ternura, que mucho decían de su lado sentimental y humano. No podía soportar el sufrimiento que podía padecer su mujer. Por ejemplo, cuando Aisha se quejaba de un dolor de cabeza, era tan grande su pesar que terminaba por sufrir del mismo dolor. (6) No eran raras las manifestaciones de amor y de afecto del Enviado de Dios, pero a Aisha le encantaba escuchar decir que la amaba. Para afirmar su amor, a veces le preguntaba:
“ ¿Cómo es tu amor por mí?”
“Fuerte y sólido como el nudo de una cuerda” respondía el Profeta.
De vez en cuando le preguntaba:
“ ¿Cómo esta el nudo?”
El Profeta le respondía “ En las mismas condiciones”, lo que testimoniaba su fiel complicidad amorosa. Un día, un hombre invitó al Profeta a cenar y este preguntó “ ¿También esta invitada Aisha?”. El hombre respondió negativamente y el Profeta rechazó la invitación. Esta misma persona reiteró tres veces la invitación y el Mensajero rechazó tres veces la invitación hasta que el hombre invitó también a Aisha.
El Profeta y Aisha estaban unidos por una dulce y bella armonía como lo reportan muy numerosas fuentes de la tradición. El profeta decía que “Los mejores entre vosotros son los mejores para con sus mujeres” y el era, ciertamente, el mejor de los hombres, el mejor de los maridos y el mejor de los padres.
Este comportamiento ejemplar del que hizo gala con sus allegados durante toda su vida, es una prueba irrefutable de su dulzura y bondad con respecto a las mujeres y bien harían un buen número de musulmanes de hoy en seguir este ejemplo a nivel de sus relaciones con su esposa y con las mujeres en general. ¿Cuántas veces los hombres musulmanes se comportan con las mujeres en forma grosera y carente de toda sensibilidad y ternura, casi brutalmente? Y, colmo de la ironía, muchos de estos musulmanes alardean de esta conducta como una afirmación irrefutable de su identidad musulmana. Esto prueba que su concepción de la tradición profética es muy superficial y ridícula.
Los sentimientos de cariño y afecto que el Mensajero demostraba hacia Aisha,eran un hecho conocido y reconocido por todos, sobre todo por su fieles compañeros que tenían por principio amar y respetar lo que el Mensajero amaba. Es así que algunos compañeros sólo ofrecían regalos al Profeta cuando se encontraban en la casa de Aisha, esperando compalcerlo más frente a su esposa preferida. Es evidente que todo esto sucitaba ciertos celos, muy legítimos y comprensibles,entre las otras esposas. De acuerdo con un relato de la Tradición, Um Salama,
esposa del Profeta, evocó frente al Mensajero tres veces seguidas su contrariedad quién sólo respondió a la última en estos términos.“No me hieras con tus palabras con respecto a Aisha. Te juro por Dios que es la única mujer con quién he recibido la Revelación divina.” Por otra parte, los fieles compañeros siempre le acordaron una consideración distinta y privilegiada, lo que se notaba en su comportamiento y en sus palabras hacia ella a quién llamaban “la bienamada del bienamado de Dios” o como Umar Ibn al- Khattab: “la bienamada del Profeta”, o como Ali Ibn Abi Talib: “la amiga íntima del Profeta” (Khalilatu rasul Allah). Los compañeros íntimos del Profeta eran testigos del gran afecto, estimación y profundo respeto que le tenía
a Aisha.
Al lado del Profeta, Aisha también se distinguió por su extrema devoción hacia la persona del Mensajero y a su causa, asi como por su capacidad para hacer frente a todas las necesidades y sufrimientos que implicaba esta forma de vida. Nunca se quejó de la austeridad en la que vivía el Profeta ni deploró las arduas y penosas condiciones durante los difíciles periodos de la Revelación. Por el contrario, convencida de la verdad de la causa del Islam, no escatimaba ningún esfuerzo para luchar al lado del Profeta a fin de que se cumpliese las palabra
Divina sobre la Tierra.
Al día siguiente de la batalla de Khaybar, cuando los musulmanes empezaban a acumular victorias y ante el crecimiento de las ganancias obtenidas en las diferentes batallas, algunas esposas del Profeta le pidieron que les otorgara un parte de las ganancias. Esta solicitud hirió profundamente al Profeta quien destinaba todas sus riquezas a la gestión de la naciente comunidad musulmana y no a su vida privada. En estas circunstancias, decidió aislarse de sus esposas durante un mes. Después de este episodio el Profeta recibió una revelación del Corán en la que Dios le ordenaba exigir a sus esposas escoger entre una vida de fasto sin la
presencia de su noble esposo y una vida pobre pero digna con él: “Profeta, díle a tus mujeres: si desean la vida de este bajo mundo, venid y os liberaré dandoos los bienes de esta vida. Pero si buscáis a Dios y a Su mensajero y el triunfo en el Más Allá, Dios os ha preparado una inmensa recompensa por el bien que haréis.” Corán 33/28-29. Cuando este verso le fue revelado, la primera mujer que el Enviado de Dios fue a ver para proponerle la alternativa fue Aisha. Los relatos de la Tradición nos desvelan como el Profeta al presentar esta “alternativa” a todas sus esposas fue especialmente conciliador con Aisha, a la única a quien concedió un periodo de reflexión para responder, mientras que exigió una respuesta inmediata de todas
las demás. Através de este gesto, los comentaristas han podido medir el amor tan distinto que el Profeta profesaba a Aisha y su temor de que su esposa, en virtud de su fuerte personalidad y su fogosa juventud, decidiera la separación. Aisha tuvo una respuesta inmediata y rechazó el privilegio del periodo de reflexión, eligiendo desde lo más profundo de su alma a Dios y a Su Mensajero, elección a la que permanecerá fiel a lo largo de toda su vida.. No se trata aquí de
deducir cierta injusticia en el comportamiento del Profeta con respecto a sus otras esposas. El jamás fue así y la historia le reconoce un trato justo a todas sus esposas. Lo que sería necesario retener aquí de su preferencia por Aisha es el aspecto de su humanidad, de la incontrolable, pero ciertamente legítima,inclinación de su corazón hacia quien fue su dulce compañera. En este sentido,el Profeta repetía la siguiente invocación que traducía sus sentimientos afectivos:
“ O Dios, he aquí mi equidad en lo que me pertenece, pero no me reprendas por lo que te pertenece y que no puedo controlar”. Días antes de la muerte del Profeta bienamado, cuando la enfermedad progresaba rápidamente y cada día se acentuaba el sufrimiento, alterado y muy
enfermo, no cesaba de preguntar “ ¿en casa de quién estaré mañana?”Las otras esposas comprendieron que de esta manera expresaba su deseo de permanecer con Aisha y le pidieron que, por respeto a su voluntad, lo tuviera en su casa.Los sentimientos que abrigaba con respecto a Aisha eran tan intensos y profundos que deseaba vivir su enfermedad y su muerte en su casa, en sus brazos... Unidos los dos delante de Dios... Unidos en la vida y en la muerte y, por la gracia de Dios, en el Más Allá.Aisha fue el único testigo de su agonía, de sus últimas palabras y de su último aliento. Fue en los brazos de Aisha que tomó su decisión final: reunirse con su Dios, el Creador de este mundo. El Profeta fue sepultado en la habitación de la propia Aisha, lugar que se convertiría después en uno de los lugares santos más visitados y venerados del Islam. Después de su muerte, Aisha jamás se separó de él. Sepultado en su casa y teniendo por tumba su habitación, Aisha se propuso vivir en su presencia, con su memoria en el corazón y en lo más profundo de su alma. Fiel a su mensaje, a su enseñanza y a su conducta. Le esperaba una larga jornada puesto que vivió cincuenta años más después de la muerte del Mensajero del Islam y fue, sin duda alguna, su digna heredera espiritual y la depositaria de su Tradición.

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